UN PASEO POR LAS SIERRAS DE BELLAVISTA

Publicado el 22 abril 2021

En el Día de la Tierra subimos a las alturas del Valle de Colchagua para conocer más sobre este viñedo que acaba de terminar la cosecha 2021 de sus uvas de clima frío.

Este año no pudimos ir a compartir la cosecha como lo hicimos antes de la pandemia pero sí, nos han traído la magia del otoño desde lo alto de Colchagua de WiP.cl.

Igal, es hijo Jacques Ergas, el dueño y socio junto a Camilo Rahmer de este fantástico proyecto de vinos de altura; sí, en las alturas del Valle de Colchagua. Será Igal, hoy a cargo de toda la parte operativa de la Viña Sierras de Bellavista (más allá del viñedo y los vinos, donde es responsable al 100% Gianfranco Gameli), quien nos llevará de viaje a este paisaje donde la cosecha comenzó la tercera semana de marzo con su Chardonnay, y terminó a inicios de abril con sus Riesling y Pinot Noir, a la par.

EN LAS ALTURAS DE COLCHAGUA

La zona actualmente con viñedo, más alta dentro del Valle de Colchagua, en la Cordillera de Los Andes ofrece un clima de montaña. Es decir, muchísimo más fresco que en el del valle central e incluso, aunque diferente, más fresco aun que los valles costeros de Chile como Casablanca y Leyda.

Para hacer una comparación, nos explica Igal, los días grado (suma anual de temperatura efectiva por sobre los 10° Celsius) en las Sierras de Bellavista es de 950, cifra similar a zonas como Rhin o Mosela en Alemania y sectores de Alsacia y Chablis en Francia.

El invierno aquí, a 1.100 msnm es aquí crudo, y para quienes no lo sepan, muy cerca de estas sierras, cayó hace décadas atrás, el avión con jóvenes uruguayos. Y, sí, como entonces, efectivamente, hay precipitaciones en forma de nieve.

El verano si bien no es tórrido, tiene una alta radiación solar; por esta razón el viñedo fue plantado de espaldas al poniente y con hileras en orientación este-oeste. Así el sol pasa por sobre las plantas sin afectar en forma directa los racimos de uva.

Aquí las heladas también son menos recurrentes que en el valle central, por estar en el cajón del Río Claro. Es esta misma ventilación la que en los meses de verano permite mantener una agricultura orgánica, ya que no es necesario aplicar más fungicidas que el azufre.

Tomando en cuenta esta especial condición climática, junto con la elección de variedades que son verdaderas radiografías del terroir, sólo decidieron plantar Riesling, Pinot Noir y Chardonnay.

El Riesling es una selección masal de los viñedos de Cousiño Macul, traída por Isidora Goyenechea en el siglo XIX desde Alsacia. El Chardonnay y Pinot Noir, en tanto, son clones franceses seleccionados.

Si en un viñedo es importante lo que lo rodea, el entorno de la Viña Sierras de Bellavista hay un paisaje de ensueño, dice Igal. Y damos razón de ello. La fauna es rica y diversa y desde los cerros bajan los aromas de cipreses, robles, quillayes, canelos y otras hierbas que los cubren. En mayor medida hay pinos, los que hoy están en un programa de reemplazo por bosque nativo.

El trabajo es realizado por personas que siempre han vivido en la montaña: arrieros que poco a poco han aprendido y a la vez han hecho suyo el manejo del viñedo. No hay utilización de maquinaria y el poco riego en la primeras etapas de la planta proviene de una vertiente (manantial) de agua cristalina.

La poca necesidad de regar, y que obliga a para que la planta profundice su enraizamiento, se debe a dos importantes factores: la alta pluviometría anual, cercana a los 800 mm (muy superior a la zona central del valle); y la existencia de suelos con una buena retención de humedad. El fin, es profundizar sus raíz en un suelo con rocas y cenizas volcánicas, para poder reflejar esa mineralidad en los vinos.

En Sierras de Bellavista  las rocas son coluviales  y de diversos tamaños, algunas milimétricas, otras pesan por sobre la tonelada.

Gianfranco Gameli e Igal Ergas en los viñedos de Sierras de Bellavista.

La formación de estos suelos en la zona de las Sierras de Bellavista fue originada, probablemente, cuenta Igal, por la ceniza, lava y roca del Volcán Tinguiririca, en cada una de sus múltiples erupciones a lo largo del tiempo.

Es importante destacar, agrega Igal, que sólo el 1% de los suelos del planeta son volcánicos, sin embargo en Chile forman parte del 60% de sus suelos. Y sí, es verdad, la viticultura chilena en gran parte se ha desarrollado en los valles aluviales de la zona central, dejando un poco de lado las excepcionales características de estos particulares suelos de origen volcánico. Hasta ahora…


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Fuente: Igal Egars

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